Está más que demostrado que la alimentación durante el embarazo afecta a todo el proceso de gestación y a la salud del bebé al nacer, el estado nutricional antes del embarazo también es un factor importante, ya que afecta tanto al hijo como a la madre, es por ello que la mejor dieta es la que empieza antes de la concepción.

Existen muchas situaciones de riesgo nutricional en el embarazo, entre ellas están:

  • Embarazos muy frecuentes

  • Bajo peso antes del embarazo

  • Ganancia insuficiente de peso durante el embarazo

  • Obesidad

  • Adolescencia

  • Diabetes

A pesar de que todos conocemos la frase de “estás embarazada, ahora debes comer por dos”, esto es completamente erróneo. La calidad de los alimentos si debería aumentar, pero la cantidad sólo se ve incrementada en un 15% de la ingesta normal.

Cuando hablamos de aumentar la calidad de los alimentos, nos referimos a que el origen y por lo tanto, la riqueza nutricional del alimento debe tenerse muy en cuenta. La cantidad dependerá de cada mujer y de la situación nutricional que tenga al momento de concebir o cuando desee empezar a buscar el embarazo.

En el caso de las proteínas, se recomienda un consumo de pescados y carnes magras (con muy poca grasa) que garantice el aporte de hierro necesario para el desarrollo y expansión del volumen sanguíneo además de la expansión de los tejidos de placenta y feto. Aunque esta recomendación puede adaptarse para dietas vegetarianas y veganas.

Por otra parte el ácido fólico, nutriente presente en gran cantidad de alimentos de origen vegetal, sobre todo en legumbres, nueces y vegetales de hoja verde, es importante para el desarrollo del tubo neural del feto, con lo que su aporte es indispensable desde antes de la concepción.

Para algunos nutrientes como el hierro o el ácido fólico, los niveles necesarios son tan altos que se recomendará tomar suplementos, pero esto dependerá de la situación inicial de cada mujer y la decisión de su médico de cabecera.

En el caso de otros nutrientes como el sodio, suele haber una retención de este mineral en el embarazo, pero la restricción puede ser perjudicial para la mujer embarazada con una tensión normal.

Durante el primer trimestre de embarazo no es necesario aumentar la ingesta, sin embargo, está bien tomar ciertas medidas para ir preparando el cuerpo de la madre y que la gestación se desarrolle lo mejor posible. En general las recomendaciones según el trimestre de embarazo se pueden resumir de la siguiente manera:

  • Hidratos de carbono: se ha realizar un consumo normal, evitando azúcares y dulces. Según Renault & cols. (2015), el consumo de dulces, snacks y bebidas carbonatadas predice la ganancia de peso en la madre; estando relacionada una ganancia de peso excesiva durante el embarazo con riesgos para el feto.

  • Fibra: incluir en la dieta.

  • Proteína: según el peso de la madre, se tomará cada día 0.8 g por kg de peso. Las proteínas deben provenir de diferentes fuentes de alimentos.

  • Grasa: se han de evitar las grasas saturadas provenientes de carnes grasas y embutidos, procurando incluir grasa insaturada y omega 3-DHA proveniente de pescado y vegetales. Los embutidos, por ser carne cruda, están asociados con la toxoplasmosis por lo que también es preciso evitarlos.

En el segundo y tercer trimestre, el feto crece más deprisa y los requerimientos van a ser algo mayores.

  • Hidratos de carbono: añadir una o dos raciones al día

  • Fibra: el estreñimiento es bastante común durante las últimas etapas, ya que la motilidad intestinal se reduce debido a la mayor absorción de nutrientes y la presión que ejerce la bolsa amniótica. Así que si la madre tiene estreñimiento es muy recomendable aumentar el consumo de fibra.

  • Proteína: se aumenta la cantidad de proteína mediante una ración más al día. El incremento pasa de 0.8 g/kg a ser 1-1.5g por kg de peso de la madre al día.

  • Grasa: El consumo se mantiene al igual que en el primer trimestre.

  • Aumentar el consumo de líquidos si hay retención.

Además de tener en cuenta el aumento de los macronutrientes, también tenemos que tener en cuenta el contenido de micronutrientes de los alimentos. Hay ciertos añadidos que mejoran el desarrollo del feto.

En la situación de lactancia, los requerimientos calóricos dependen de la cantidad de leche que produzca y de las reservas energéticas corporales (tejido adiposo) de la madre, con lo que la alimentación dependerá de cada caso y se calculará en base a la situación fisiológica de la mujer.

Las proteínas también se asocian a la producción de leche, así que se tendrá en cuenta las cantidades necesarias para el mantenimiento de la salud de la madre y en adición a las necesitadas para la producción de leche materna.

En general todos los nutrientes se ven incrementados, son necesarios para la producción de leche y para reestablecer las reservas maternas.

Otro punto muy importante a tener en cuenta es el efecto de los tratamientos con antibióticos en mujeres embarazadas, ya que recientes estudios demuestran que tiene un impacto negativo en el desarrollo del microbioma intestinal del feto. La microbiota materna es la fuente de bacterias que colonizan el tracto intestinal del lactante y puede ser modificada por los probióticos y prebióticos de la dieta.

En el caso de madres veganas, vegetarianas u ovo-lacto vegetarianas, una dieta apropiadamente planeada asegura un embarazo y lactancia normales y completamente saludables. En estos casos hay que tener en cuenta las fuentes de nutrientes como vitamina B12, Calcio, Hierro, Omega 3, vitamina D y Proteínas. Para algunos de estos nutrientes será necesario suplementar (como es el caso de la vitamina B12 ) pero con apoyo nutricional todas estas necesidades pueden ser alcanzadas con éxito.

Los niveles de zinc, hierro y calcio pueden afectar la ganancia de peso del feto, provocando nacimientos de bajo peso.

Una dieta de baja calidad nutricional durante la gestación está relacionada con un aumento de la adiposidad en el recién nacido, independientemente del IMC de la madre y la ingesta calórica antes de la concepción.